Tema: Las cosas que no vemos
Estimada Sra. Gerda Martel Zúñiga
El motivo de esta carta es para comentarle a usted, mi punto de vista sobre un tema que nos acoge a todos como personas, que conformamos parte del alma de este planeta, centrándome principalmente en la forma en que los seres humanos hemos adoptado para responder al efecto que producen las cosas y los actos de las personas que nos rodean, a quienes normalmente no vemos o simplemente no queremos ver.
Sinceramente, ante tal situación, no consigo repuesta alguna o concordancia en mi reflexión, pues trato de imaginar tal ceguera innecesaria a la que nos somete nuestra actual plantilla de ser social en nuestra formación como persona que esta nueva era de la tecnología nos ofrece, entrenando a nuestros sentidos a buscar de manera superficial nuestro propio bienestar y enfriando el tacto de nuestro corazón para con los demás. No hay forma de no darse cuenta de esta realidad, porque siendo honestos en la forma de mirarnos interiormente, podemos notar que hemos cambiado tanto en la capacidad de percibir nuestro mundo, desde nuestra adolescencia y prosiguiendo a nuestra madurez dando hincapié a una ceguera que nos impide valorar la riqueza verdadera de la humanidad, a la cual tenemos acceso día a día en las cosas más simples de nuestra vida tal como es nuestra relación con el otro.
Me he dado cuenta que como generación, no acostumbramos a mirarnos a los ojos y ser capaces de agradecer los gestos que habitualmente realizan las personas. Como ejemplo concreto, me referiré a algunas instancias que he palpado en mi diario andar como alumna, aquí en la Sede Santiago Sur. Puedo mencionar que ignoramos a las personas que nos dan la bienvenida como son los guardias, que siempre lo hacen de una manera tan amable; siguiendo mi recorrido por nuestra sede puedo notar un bello jardín, como producto del esfuerzo y dedicación en su hermoso trabajo a los jardineros, a quienes veo desde temprano expuestos al sol mañanero realizando sus labores, a quienes me gustaría darles las gracias, por tan grato ambiente concedido. Al andar por los pasillos me encuentro a quienes me gustaría distinguir con honores, a quienes por cumplir una de las labores más difíciles de todas, como lo es el aseo, me permiten encontrar en nuestras aulas y baños un lugar siempre grato y limpio para nuestro bienestar en el tiempo que permanecemos estudiando día a día, y mucho más destacable su gran generosidad de alma pues, además de preocuparse de propiciarnos el mejor espacio siempre están con la disposición de regalarnos una sonrisa.
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Agradeciendo su acogida, se despide atentamente,
Valeria Ramos Fonseca.
Santiago 2 de diciembre de 201

Hol0li...
ResponderEliminarpoando poando0..
se lee bien por aqui??
ya Washita, veo que hay mucho que tenemos que aprender a dominar de esta custioncita jeje
Mil besitos...